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Pichoncito ´e calandria

Del disco: Secretos del río

 

Relato por milonga

Talonió su lunanco,
temblequió la ´el rebenque,
se afirmó en los estribos,
se balanció la rama…
Dejó el nido vacío,
y alzó al seno la carga
con el güeco ´e la mano…
¡Pichoncito ´e calandria!

-El ovejero guacho
se ha topao con su hermana.
-No sea hereje mocoso,
larguela que no es falda.
-Dejenló; pa´ escarmiento
con una rastrillada,
le va a planchar las plumas
cualesquier alpargata.

(Y los ojos del chico
lagrimiaban de rabia.)

¡Cómo serán de güenos!
Al fogón trabuquiaba,
y la yebaba al patio
le alisaba las alas,
le soplaba el pechito
mientras le recordaba:
“vamos de compañeros,
pichoncito ´e calandria”

…Y se crió la matrera
que nació montaraza;
oviyito ´e sonidos
como prima trabada.
Siguió al guacho en la senda,
repuntando majadas,
de algarrobo a quebracho,
del quebracho a la espalda
del gurí, que si sólo,
le besaba las alas…

Puntió un triste en sus tardes,
se ganó hasta en su cama,
centinela de noche
y aclarando una diana.
Novia, madre, instrumento,
¡pichoncito ´e calandria!

Eran los aparceros
por las huellas pesadas.

Si él quebraba un chiflido,
eya lo acompañaba;
y si en flauta “de a peso”
su polkita iba en ancas,
eya como celosa de esas notas, cayaba…

Cuando atizaba el juego
curosiaba las brasas;
y si al darse un amargo
“su patrón” no la espiaba,
de a saltitos, corriendo
le pedía una mirada,
y cayendo del hombro
por el brazo hecho rama,
le hacía ronda de güelos
y cantaba… cantaba…

Cuando el niño Juan Carlos
se prendó ´e la paisana,
le pidieron al guacho
que su precio fijara;
la tasó en un silencio
con la cabeza gacha;
lo samarrió el puestero:
“¡trái pa´acá esa calandria!”
y el más juerte, más juerte
sin querer la apretaba…

Cuando el sol de esa tarde
pa´ la noche rumbiaba,
buscó punta de estreyas,
dibujó una patriada,
preparó las pilchitas,
cortó campo abrió marcha
por las huellas oscuras,
bandió al fin la cañada,
mientra eya contenta
sobre el pecho cantaba.

Eran dos corazones
untando ala con ala;
eran guachos del monte
que la suerte apariaba…
-¡Ni te vendo, ni cambio
ni te regalo, hermana.
Sos l´único que tengo,
pichoncito ´e calandria!

Iban juntos dos pájaros
por esa madrugada,
juntando alas y silbos
como dos esperanzas…
Y el camino y el monte
con amor lo espiaban,
y contenta, en un canto
floreció la calandria.

 

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